¿A quién oramos? I

     

 

Esta mañana he caído en la cuenta de que algunas veces, cuando rezo, casi instintivamente acabo pidiendo cosas 

Y me he dado cuenta de que esa no es la verdadera oración, o por lo menos, no es la oración que a mi hoy me gusta hacer, creo que en esto, como en otras muchas cosas, he ido cambiando con los años y es cierto que antes mi oración era sobre todo, o casi siempre. para pedir algo, afortunadamente hoy no lo veo así

Hace tiempo leí un artículo en Eclesalia que me gustó bastante sobre este tema y me ha parecido interesante ponerlo, aunque sea un poco largo, ya que estoy muy de acuerdo con él

 

Un amigo mío me confesaba: De niño aprendí que "orar es levantar el corazón a Dios para pedirle mercedes"; de mayor he comprendido que "orar es fabricar `mercedes´ para ofrecérselas a Dios". Tras el chiste, hay mucha teología de la buena.

Habitualmente pretendemos que nuestra oración mueva a Dios y nos resuelva los problemas, mientras nosotros esperamos el favor o el milagro sin utilizar nuestros dones, sin saber siquiera que los tenemos. Con demasiada frecuencia acudimos a la oración de petición sin acertar a pasar de ahí o, lo que es mucho peor, sin percatarnos de que oramos a los ídolos. Citaré algunos, sólo como ejemplo:

– El dios de la manga, al que imaginamos en el Olimpo, distraído, absorto en sus cosas, incluso encolerizado por nuestros pecados. Y necesitamos llamar su atención, tirarle de la manga, para que se acuerde de nosotros y nos escuche: ¡Eh, que estamos aquí, auxílianos! O como decimos en las preces litúrgicas: "Te rogamos, óyenos". Pero los problemas no se resuelven e inconscientemente nos vamos convenciendo de que es sordo. Incluso hay quien habla del "silencio de dios", también es mudo.

– El dios grifo, que nosotros abrimos a nuestro antojo con la oración y se cierra automáticamente cuando no nos acordamos de pedir. Sólo obtendremos el líquido deseado si apretamos el botón o giramos la llave. Si no responde a nuestra petición, pensamos que es un mal grifo, que está seco o que otros -más buenos- le han agotado.

– El dios negociador, al que ofrecemos algún sacrificio, alguna promesa, alguna vela, a cambio de la deseada concesión. Negociamos de mil maneras para conseguir aquello que deseamos. Negociamos incluso con nuestro dolor: si me disciplino o uso cilicio o camino de rodillas, seguro que le conmuevo.

No nos damos cuenta de que ésos son dioses falsos, ídolos, que ni ven, ni oyen, ni entienden. El Dios verdadero sólo quiere nuestro bien y nuestra felicidad sin precio alguno, totalmente gratis. Basta con que lo busquemos por el camino correcto y nos dejemos inundar porque “mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,30).

Hace poco leí en la portada de una revista católica algo que me estremeció: "Un milagro arrancado a Dios a base de oración". ¿A qué "dios de granito" ora esa gente? ¿Cómo es posible pensar que hay que alcanzar la mano de Dios con escoplo y martillo? Yo creí que estas cosas no podían siquiera pensarse en nuestra Iglesia, y mucho menos publicarse.

El Dios en quien yo creo declara abiertamente: “encuentro mis delicias con los hijos de los hombres” (Pro 8,31). Nos creó con todos los recursos, nos ha dado preciosos dones, que debemos descubrir y explotar. Somos nosotros los que hemos de movernos, conocernos, hacer fructificar nuestros talentos, los que Él nos regaló cuando nos pensó desde la eternidad. Nuestro Dios, normalmente, no nos da peces, sino que nos proporciona la mejor caña (nuestros dones personales) y nos enseña a pescar (con su vida, su palabra y sus luces puntuales). Decía Martin Luther King: "Dios, que nos ha dado la inteligencia para pensar y el cuerpo para trabajar, traicionaría su propio propósito si nos permitiese obtener por la plegaria, lo que podemos ganar con el trabajo y la inteligencia".

Y en Mateo se lee: "No todo el que dice: ¡Señor! ¡Señor!, entrará en el reino de Dios, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial… El que escucha mis palabras y las pone en práctica se parece a un hombre sensato que ha construido su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se echaron sobre ella; pero la casa no se cayó, porque estaba cimentada sobre la roca. Y todo el que escucha mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre insensato que ha construido su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se precipitaron sobre ella, la casa se cayó y se arruinó totalmente" (Mt 7,21).

No, nuestro Dios no es un grifo, ni un buhonero de feria con el que se pueda hacer cambalache. Sería un dios muy pequeño. Nuestro Dios es un torrente que se vierte permanentemente sobre nosotros. ¿Qué hacer para obtener su agua? Abrirse, ensanchar el recipiente, vaciarse de estorbos, reconstruir las grietas. Si no, estarás bajo el Torrente pasando sed o recogiendo tu pequeñísima medida o perdiendo al instante lo recibido por tus múltiples ranuras…

Afirmaba san Ignacio: "Haz las cosas como si todo dependiera de ti y confía en el resultado como si todo dependiera de Dios". Y san Agustín es todavía más rotundo: "La oración no es para mover a Dios, sino para movernos a nosotros" (Carta a Proba).

Cuando hablo o escribo estas cosas siempre hay alguien que pregunta: ¿Entonces por qué dice el evangelio "pedid y recibiréis"? En el próximo artículo mi modesta respuesta.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 El autor es Jairo del Agua

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9 comentarios el “¿A quién oramos? I

  1. Siempre pedimos y poco damos.Responsabilizamos a Dios de nuestras penurias y cuando las cosas nos van bien el mérito es nuestro. Un besazo SoquiHari

  2. Hola, he entrado a tu blog, y encuentro esta pregunta ¿A QUIEN ORAMOS?…. Siempre que necesitamos a NUESTRO PADRE DIOS ahi estamos haciendole nuestra peticiones, y lo que es peor esperamos su respuesta afirmativa y si por algun motivo no nos concedio vamos contra él… pero cuando nos lo concede como dice Hari el merito es nuestro….No hemos preguntado ¿Cuanto le damos nosotros?………Palabras muy sabias de San Ignacio "haz las cosas como si todo dependiera de ti y confía en el resultado como si todo dependiera de DIOS"…un fuerte abrazoSanjua

  3. "La oración no es para mover a Dios, sino para movernos a nosotros" Esta frase de San Agustín, me ha proporcionado mucha luz. Tan corta…¡¡y es para meditarla!!.Amiga Soqui, si lees el próximo artículo que el autor Jairo del Agua dice escribirá, espero nos lo pases también a nosotr@s.Un besoPaquita.

  4. SABES,??….. ANTES PEDIA PEDIA Y PEDIA, ULTIMAMENTE, LOS TIEMPOS VIENEN TAN MALOS, QUE AGRADEZCO¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ SI AGRADEZCO ESA PEQUEÑA AYUDA, O ESA SOGA QUE EL BARBA ME TIRA SIEMPRE A PESAR DE TODO, AGRADEZCO SIEMPRE TENER FORTALEZA , AL MENOS CREO QUE NO SOLO ES PEDIR SI NO AGRADECER NO??BESOS SOQUI, BUENA SEMANITA

  5. Cierto, muy cierto lo que dices, siempre nos acordamos de Dios cuando necesitamos algo y eso no debiera de ser asi. Pero la edad, la madurez interna, te hace entender ciertas cosas. No solo hay que pedir, porque ya Jesus lo digo.. pedid que se os dará… hay que dar gracias tambiém, gracias dia a dia por poder disfrutrar del regalo de la vida, de poder disfrutar de la naturaleza, del trabajo, la familia…En cuanto a los simbolos que representan a DIos, o a ese Ser que cada cuyal sigue…te diré que yo, he llegado a la conclusión que a quien orar o a quien pedir, encomendarme, o como lo querias llamar, si no es a mi propia gente; mis padrs por ejemplo, i padre que falleció cuando yo tenia 10 años y mi madre que nos dejo tan solo hace dos años… quien mejor que ellos para interceder ante el Ser por nosotros, sangre de su sangre?? y esa idea es la que he inculcadoa mis hijos, porque la juventud de hoy no es demasiado creyente, pero así se lo hice entender…Buenooo asi que ya ves, quizas me llamen loca, pero es lo que pienso y creo y además me funciona… Gracias por leerme y gracias a ti por dejarnos compartir tus sentimientos.

  6. Para mí Soqui, orar es hablar con Dios (no a Dios). Como tú dices orar no es pedir. Orar es la respiración del alma: el alma a veces pide, pero otras veces tiene la misma necesidad de agradecer, o simplemente compartir inquietudes y conocimientos. Eso también es orar.Orar es cuando las lágrimas emocionadas caen sin saber exactamente el motivo…(no son lágrimas de alegría ni tristeza) Eso es sentir al alma respirar, y, para mí esa "manera de llorar" es la más valiosa. La que nos hace saber que no somos cuerpo (sólo cuerpo), que estamos más allá de lo que nos pasa en el exterior…y que a veces es sólo el espíritu el que nos conmueve.Orar es dejarse fluir con el espíritu, tratando a Dios a nuestra imagen y semejanza… (Qué bien nos iría si nos tratásemos con respeto y admiración) Esta es mi manera de sentir lo que es orar… una manera más que no creo tenga nada que ver con la edad (material).Dios te Bendiga Soqui.

  7. Hay que vivir en sintonía con nuestras creencias. También es cierto que el mismo Jesús dijo : "pedid y se os dará". Lo uno no quita lo otro. Aunque sea solo para pedir, ya nos estamos comunicando con Dios y Él nos oye paciente esperando también palabras de agradecimiento, no por Él sino por nosotros mismos.Un abrazo. Pablo.

  8. La oración de petición tiene esas dos vertientes. Demasiadas veces la de fórmula mágica, la de creer que Dios es un ser imperturbable al que si no le damos un poco la tabarra ni se acuerda de nosotros. La otra es la de sabiendo que todos estamos en cada momento presentes en la mente de Dios, a él le gusta, como a la madre con su hijo, que le pidamos…La oración de petición también nos sirve a nosotros de refuerzo. Nos recuerda que nosotros hemos de poner todo lo que podamos de nuestra parte. Pero la oración que realmente tenemos olvidada es la de acción de gracias. ¡Qué maleducamos somos!¡Qué pocas veces damos las gracias!La buena oración de petición es cuando pedimos por los demás. Al instante oímos una vocecita en nuestro interior que nos dice: "Anda, empieza a ayudarle tú…Yo te ayudaré a ti."un abrazo: Joan Josep

  9. Sabes, bueno, si sabes, yo no rezo porque no creo. Pero eso no significa que no pida. Normalmente pido cosas para mejorar yo, porque así los demás también estarán mejor. Otras veces pido para mi sola, para estar tranquila y en paz. Y te voy a contar un secretillo…, aún cuando no sea creyente, tengo la impresión de que tengo un ángel. El me pone pequeñas pruebas, a veces hasta trampas para darme lecciones, otras me da aquello que necesitaba, pone una oportunidad de algo que nosabía que necesitaba. Eso sí, es durillo a veces, no en el castigo, pero por ejemplo, cuando se me ocurre alguna maldad o mi sentimiento hacia algo no es justo, él me pone un pequeño castigo.., por ejemplo provoca que ocurra una situación que yo no quería, así me pone a prueba.Igual por eso no necesito pedir nada, o rezar, es como si tuviera mi propio guía. Bueno, dice un amigo, más que amigo que tiene una espiritualidad muy particular que en realidad tengo tres guías conmigo, y uno si es un ángel. No se si será el…Un beso, dosAire

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